El Papa Pío VI emite el Editto sopra gli ebrei

El Papa Pío VI emite el Editto sopra gli ebrei

21 de Shvat de 5535 / 22 de enero de 1775 – El Papa Pío VI emitió una proclama antijudía que restablecía toda la legislación antijudía anterior a 1775, llamada Editto sopra gli ebrei, “Edicto sobre los hebreos”. El edicto estuvo vigente durante 25 años, hasta la llegada del ejército de Napoleón.

A continuación, he traducido todo el documento del italiano al español:

El edicto sobre los judíos

El Papa Pío VI

Entre las solicitudes pastorales que mantienen ocupada el alma de la Santidad de Nuestro Señor al comienzo de su Principado, la primera es la de mantener incontaminada la Religión Católica entre los Fieles, y considerando por tanto que para alejarlos del peligro de subversión que puede derivar de su excesiva familiaridad con los judíos, es absolutamente necesaria la exacta observancia de las medidas tomadas por sus gloriosos Predecesores, y en particular por San Clemente XII con un Edicto especial publicado en esta Ciudad Alma de Roma el 2 de febrero de 1733 y por San Benedicto XIV con otro Edicto similar publicado también en esta Alma Ciudad el 2 de febrero de 1733, Memoria de Clemente XII con un Edicto especial publicado en esta Ciudad Alma de Roma el 2 de febrero de 1733 y por la santísima Memoria de Benedicto XIV con otro Edicto similar igualmente publicado en esta Ciudad Alma el 17 de septiembre de 1751; habiendo oído a los Eminentísimos Cardenales Inquisidores Generales sobre este asunto, ha mandado publicar de nuevo el mismo Edicto, para que se ejecute puntualmente en cualquier lugar de su Estado Pontificio.

I. En primer lugar, su Santidad, después de la segunda Constitución de Inocencio IV, que comenzó con la Impía Judía, ordena y manda que los judíos no puedan, de ninguna manera, leer, comprar, escribir, copiar, comerciar, vender, donar, intercambiar, ni en ningún otro modo, alienar bajo cualquier pretexto, título o color, libro semejante o código Talmúdico, declarado condenado, supersticioso, cabalístico, o que contenga errores contra la Sagrada Escritura, o el Antiguo Testamento, o cualquier insulto, impiedad y blasfemia contra los santos misterios de la Fe cristiana, especialmente de la Santísima Trinidad, de Nuestro Señor Jesucristo, de María siempre Virgen, o de los Santos, ni ningún otro libro de los prohibidos por el Santo. mem. de Julio III en su Constitución 24, que comienza Cum sicut, fechada el 29 de mayo de 1554, y por el santo. mem, de Clemente VIII en su Constitución Cum Hebraeorum emitida el 28 de febrero de 1593 o en otras Constituciones, y Decretos Apostólicos; o son tales Libros compuestos en la lengua hebrea, o en otra lengua, bajo la pena de la pérdida de los mismos Libros, de la Confiscación de los Bienes, y de otras penas corporales y muy graves a voluntad en el caso de cada contravención de acuerdo con el Decreto de la Sagrada Congregación del Santo Oficio, publicado el 12 de septiembre de 1593. Offizio, publicado el 12 de septiembre de 1553, y Su Santidad pretende que estas penas se apliquen también a aquellos rabinos y campesinos judíos que guarden estos libros en sus Bibliotecas, o en otros lugares de uso público o privado.

II. Que los judíos, o cualquiera de ellos, no se atrevan a exponer, explicar o enseñar los errores de los citados Libros, ni en público ni en privado, y tanto dentro como fuera de las Escuelas, a ningún judío cristiano o de cualquier otra Religión, bajo las mismas penas de pérdida de Libros, Confiscación de Bienes y otras penas corporales y muy graves que consideren oportunas.

III. Que ningún Impresor, Librero o Comerciante cristiano, ni ninguna otra persona de cualquier estatus, rango o condición, pueda dar trabajo o consejo a los judíos, para obtener para ellos dichos Libros, ni hacerlos escribir, imprimir, llevar o traducir, ni siquiera pedirles permiso para leerlos, o tenerlos, no sólo bajo las mismas penas de la pérdida de los Libros, la confiscación de los Bienes, y otros castigos corporales que les parezcan, de acuerdo con el citado Decreto de la Sagrada Congregación del Santo Oficio, publicado el 12 de septiembre. Offizio, publicado el 12 de septiembre de 1553, pero también bajo la pena de excomunión del Sumo Pontífice, en la que se incurriría inmediatamente sin ninguna otra declaración.

IV. Que los judíos no pueden comprar ni recibir ningún libro en lengua hebrea, o de la lengua hebrea a cualquier otra lengua transportada ya sea por cristianos, o por los mismos judíos, o por cualquier otro mandato, o traída, a menos que primero, en lo que respecta a la Ciudad de Roma, lo exhiban al Padre Maestro del Sagrado Palacio Apostólico, y en lo que respecta a otros lugares, o Ciudades del Estado, a los Obispos locales, o Inquisidores, para que reconozcan, si está de acuerdo con estas Ordenanzas, y de las Constituciones Apostólicas informadas, si se les permite recibirlo o retenerlo, y todo ello bajo las penas de cien escudos, y siete años de prisión en cualquier caso de Contravención, y encontrando cualquier Libro continente algo contrario a las citadas Bulas y Decretos Apostólicos, y en particular a la citada Bula de Clemente VIII, no debe ser devuelto a los judíos, sino que se transmite al Tribunal de San Offizio, y así se practica al encontrar cualquier otro Libro prohibido a los judíos..

V. Que los judíos no puedan extraer, e introducir respectivamente, Libros en la Aduana sin la Licencia del Padre Maestro del Sagrado Palacio para la Ciudad de Roma, y de los Obispos locales, o Inquisidores para las otras Ciudades, o Lugares del Estado Pontificio, bajo pena de la pérdida de dichos Libros, de cien escudos, y siete años de Prisión, y a estas penas los Ministros Cristianos de la Aduana, que cooperarán en la extracción, o introducción de dichos Libros, así como cualquier otro, que preste ayuda y consejo.

VI. Para ello, se encarga al Padre Maestro del Sacro Palacio y a todos los mencionados Obispos e Inquisidores, que ejerzan todo el cuidado y diligencia para que ningún libro perteneciente a los judíos, especialmente en lengua hebrea, sea extraído o introducido sin su permiso expreso, y que visiten las Aduanas y los barcos que han de descargar los libros en los puertos.

VII. Se prohíbe a cualquier cristiano, y en particular a los Ministros de Aduanas, a los Mensajeros, a los Carteros, a los Transportistas, y a los Cargadores de cualquier tipo por Tierra, o por Agua, no entregar ningún Libro a los Judíos, sin la previa Licencia del P. Maestro de Sagro Palazzo en lo que respecta a la Ciudad de Roma, y fuera de ella de los Obispos Inquisitori Locali (Inquisidores Locales), a los que por lo tanto deben dar, cuando lleguen, aviso y nota de cada Libro bajo pena de excomunión reservada como arriba, en la que se incurrirá ipso facto, y bajo otras penas pecuniarias y corporales que consideren oportunas, a las que se entiende que están sometidos también aquellos a los que se dirige alguno de los citados Libros, y que no se revelan entonces, como se ha dicho anteriormente.

VIII. De acuerdo con la citada Bula de Clemente VIII se prohíbe y se veda a cualquier persona de cualquier rango, estado y condición a que se refiere dicha Bula, lo que aquí se expresa, conceder cualquier indulgencia, licencia o facultad contraria a lo dispuesto en la misma Bula, y en caso de que ya haya sido concedida, se declara nula y sin valor, en tal forma, que los judíos quedan sujetos a la pena, como si nunca la hubieran obtenido, ni la hubieran buscado.

IX. Que los judíos no hagan, ni compongan, ni enseñen brujerías, encantamientos, augurios, hechizos, brujería, embaucamiento, u otros actos, importando supersticiones, con el fin de obtener el conocimiento de cosas ocultas, o futuras, tanto a los cristianos, como a los propios judíos, bajo pena de Scudi Cento, del Látigo, y de prisión de por vida según las circunstancias de los Crímenes, en conformidad con lo ordenado en la Constitución 70 del san. Memoria de Gregorio XIII, que comienza Antiqua Judaeorurm, y en las mismas penas incurren también los cristianos, que aprenden de los judíos los mencionados actos supersticiosos, o que recurren a ellas para rastrear tontamente cosas ocultas, o futuras.

X. Se prohíbe a cualquier platero cristiano hacer para el uso de los judíos ciertos amuletos, o patentes, que los citados judíos acostumbran a poner a sus hijos, para preservarlos de la infestación de brujas, o de otros maleficios, y especialmente aquellos, que tienen la figura de una andorla de Nocchia, y en el que está impreso por un lado el nudo de Salomón y por el otro el Candelario con siete lámparas, u otros jeroglíficos vanos similares, porque al ser interpretado casi supersticiosamente por los judíos, no conviene que los artesanos cristianos participen de ninguna manera, y esto bajo pena de veinticinco escudos para los plateros.

XI. Que los judíos, también según los Decretos del 8 y 23 de octubre de 1625, no pueden colocar, ni hacer colocar en sus Sepulcros ninguna lápida, ni ninguna inscripción, y por lo tanto se entiende que en lo sucesivo se prohibirá que nadie conceda permiso para colocar dichas lápidas, o inscripciones bajo pena de demolición de los Sepulcros de cien escudos de Cárcel y otras penas mayores a voluntad.

XII. Que los judíos, en el transporte de los cadáveres, no utilicen ningún rito, ceremonia o pompa fúnebre, y simplemente se abstengan de saludar y de llevar antorchas, y lámparas encendidas en el camino bajo pena de cien escudos de la pérdida de la Cera y bajo otros castigos corporales a voluntad, a los que se someterán los Factores, y los Parientes más cercanos del difunto, pero sólo se les permitirá encender lámparas, y a utilizar sus ritos habituales y pompas fúnebres, tanto en la sinagoga como en el lugar del entierro, siempre que en cualquiera de los lugares mencionados no esté presente ningún cristiano de cualquier sexo y condición, bajo las mencionadas penas en las que incurrirán tanto los Factores, u otros judíos, que permitan el acceso a los cristianos, como los cristianos que asistan a esta ceremonia o rito de los judíos.

XIII. Que según lo prescrito por la Guis Civile en la Leg. Fin. Cod. de Judaeis, como por el Gius Canonico en el cap. Judaei 3, y Consuluit 7 de Judaeis, et Saracenis, y por las Constituciones de san. Men. Por Pablo IV Cum nimis:3, por San Pío Vromanus Pontifex:6, y por Clemente VIII Caeca, et obdurata:9, además de las Sinagogas, que con las debidas facultades de los judíos se mantienen con frecuencia, no se puede construir ninguna otra dentro de los Guetos, ni decorarlas ni ampliarlas de ninguna manera, y mucho menos mantenerlas fuera de los Guetos, bajo pena de cien escudos, prisión y otras penas muy graves.

XIV. Que ningún judío de cualquier sexo, estatus o condición pueda ir o acercarse a las Casas de los Catecúmenos por el espacio treinta varas, ni al Monasterio de la Santísima Anunciación de Roma, por sí mismo o por medio de un tercero, bajo pena de trescientos escudos, prisión y otras penas corporales que considere oportunas.

XV. Que ningún judío, bajo ningún pretexto, puede tener en su Casa, Morada o Tienda a ningún neófito o catecúmeno, sea hombre o mujer, aunque sea por consanguinidad o afinidad, y mucho menos puede comer, beber y dormir con cualquiera de ellos. No deben trabajar con ninguno de ellos, ni dentro ni fuera de los Ghettos, ni en ningún otro lugar, ni permanecer allí como trabajador, ni practicar allí, ni mantenerse allí para cualquier ocasión, bajo las penas de cincuenta scudi, y tres golpes de cuerda en público.

XVI. En el caso de que los judíos no sólo induzcan, sino que intenten inducir de palabra, o con promesas, o de cualquier otra manera, ya sea directamente, o indirectamente por ellos mismos, o a través de otros, a los neófitos, o a los catecúmenos, o a cualquier otra persona a judaizarse. incurren inmediatamente en la pena de Prisión, Confiscación de Bienes y demás penas impuestas por las Constituciones Apostólicas de Clemente IV el 14, de Gregorio X el 3, de Nicolás IV el 4, todas las cuales comienzan Turbato corde, y de Gregorio XI Admodum el 2.

XVII. Si algún judío de cualquier sexo se atreve a disuadir o impedir de algún modo la conversión a la Santa Fe de algún judío o catecúmeno, o hacerle posponerla aunque sea por muy poco tiempo, incurrirá inmediatamente en la pena de prisión, y en la confiscación de todos sus bienes, y en otras penas arbitrarias según lo que se proscribe en las citadas Constituciones de Clemente IV, Gregorio X y Nicolás IV, que comienzan todas ellas Turbato corde, con la declaración expresa de que los que presten su ayuda, trabajo, consejo o favor en este asunto deben sucumbir a las mismas penas. Las mujeres judías, en lugar de ir a la cárcel, incurrirán en el castigo del látigo y el exilio, y en otros castigos más graves a su discreción, según las circunstancias del delito.

XVIII. Que más que ningún otro, los administradores de los judíos están obligados a observar lo anterior, y especialmente a procurar que ningún catecúmeno judío de cualquier sexo que haya mostrado, o esté a punto de mostrar un deseo o inclinación a convertirse en cristiano, sea robado, ocultado o pervertido, ni ningún judío que deba ser transportado a la Casa de los Catecúmenos, de acuerdo con los decretos pontificios, y especialmente el decreto de San Benedicto XIII de la Sede Apostólica, y el decreto de la Santa Sede. Memoria de Benedicto XIII de 16 de agosto de 1724. ni siquiera con el pretexto de que no se da el consentimiento de sus Padres y Parientes, y en cualquiera de estos casos los Factores están obligados a hacerlo devolver o traer de vuelta; de lo contrario serán multados con la pena continua hasta que se haga la devolución o restitución de la persona que ha sido robada, escondida o pervertida, y también se les impondrán las penas pecuniarias de prisión u otras muy graves a su criterio.

XIX. Cuando cualquier judío se ofrece a la Iglesia para ser bautizado, los judíos no pueden de ninguna manera molestar o hacer cualquier insulto ni al oblato ni a la oblata, particularmente cuando están en el gueto. Será el cuidado de Monseñor Vicerregente en Roma, y fuera de ella de los Obispos o Inquisidores locales, tan pronto como tengan conocimiento, o al menos alguna conjetura probable de la oferta, velar con toda solicitud para que el oferente y el ofendido no permanezcan con los judíos.

XX. Que en ejecución de la bula de Pablo IV, que comienza Cum nimis, renovada por Pío V en la Constitución Romanus Pontifexata en Roma el 20 de mayo de 1566, los judíos de ambos sexos deben llevar el signo amarillo por el que se distinguen de los demás, y deben llevarlo siempre en todo momento y en todos los lugares, tanto dentro como fuera de los guetos, y tanto en Roma como en las zonas habitadas, así como en el exterior, a saber. Los hombres deben llevarlo encima del sombrero, bien cosido y por debajo del ala, sin ningún velo ni banda, a no ser que sea del mismo color, y las mujeres deben llevarlo en la cabeza, descubierto, sin poner encima un pañuelo ni nada que pueda ocultarlo, bajo pena de cincuenta escudos para los primeros y cincuenta escudos para las segundas. Se ordena a los judíos, bajo las mismas penas, que no lleven ningún otro sombrero que no sea el suyo con el signo amarillo, excepto los sombreros para la venta, que deben llevarse descubiertos en la mano y no en la cabeza. Se permite, sin embargo, que los judíos, tanto hombres como mujeres, puedan ir sin el mencionado signo cuando estén de viaje, siempre que no permanezcan más de un día en ningún lugar, y que, si permanecen en algún lugar más allá del tiempo mencionado, estén obligados a llevarlo bajo las penas mencionadas.

XXI. Por mandato especial de Nuestro Señor se hace saber que en el futuro no se esperará ninguna otra licencia de ninguna Corte, o Persona de cualquier dignidad, rango, cargo o preeminencia que sea, ya sea Presidente, incluso de Avignon, Obispo, Mayordomo del Sac. Palacio Apostólico. Cardenal Legado o Camerlengo de S.Chiesa por encima de lo concedido. O que se conceda a los judíos de acuerdo con las disposiciones de la citada bula de Pablo IV bajo pena de nulidad de dicha licencia, por lo que los judíos quedarán sujetos a todas las penas, como si no la hubieran obtenido, y si algún ministro subordinado se atreviera a conceder de nuevo dichas licencias en voz no llevar el signo será castigado a voluntad, y quedará inmediatamente privado de su cargo u oficio prohibiendo a los ejecutores que las esperen bajo las penas impuestas a los delincuentes.

XXII. Los judíos no podrán distribuir, donar o vender a los cristianos ningún tipo de carne que hayan matado o hecho matar, bajo pena de cien coronas o de prisión a su discreción, ni los cristianos podrán recibirla o comprarla bajo pena de veinte coronas o de prisión a su discreción. Los judíos tampoco pueden distribuir, dar o vender a los cristianos el pan sin levadura, conocido vulgarmente como Azzimelle, bajo la pena de cincuenta escudos, ni los cristianos pueden recibirlo bajo la misma pena.

XXIV. Nos ha llamado la atención que los judíos no se contentan con comprar leche a los cristianos para su propio uso o servicio, y que compran mucho más de lo que necesitan para venderla o comerciar con ellos. Por lo tanto, se prohíbe, bajo las mismas penas, que los judíos compren más leche de la que requieren sus necesidades, y que se les done, venda o disponga de ella de cualquier manera a los cristianos, aunque se convierta en queso u otros productos lácteos, y finalmente que los cristianos la reciban bajo las mismas penas.

XXV. No les está permitido de ninguna manera recibir, comprar, vender o negociar bajo ningún pretexto o color, ya sea por sí mismos o a través de otros, el Agnus Dei, o las Reliquias de los Santos, ya sea con o sin ornamentación, así como las Cruces, Cálices, cuadros o imágenes de Nuestro Señor Jesucristo, de la Santísima Virgen o de los Santos, ni Oficios, Breviarios, Misales, Manteles o Vestidos de Altar, ni ninguna otra cosa perteneciente al culto divino, ni siquiera libros. Aunque sean profanos, en los que haya Imágenes Sagradas, en la medida en que dichas cosas estén rotas, o rasgadas, o si quieren usarlas sólo para quemarlas, y cavidades de oro y plata, bajo pena de doscientos escudos, y los cristianos que vendan alguna de dichas cosas a los judíos, incurren en la pena de doscientos escudos solamente.

XXVI. Que los judíos no pueden hacer por sí mismos, o por medio de otros, ningún tráfico, tienda, banco o sociedad con los neófitos o catecúmenos, bajo pena de nulidad del contrato, y de cincuenta escudos, de tres azotes de cuerda en público, y otros a voluntad.

XXVII. Que de acuerdo con la Constitución 6 de S. Pío V, y del Decreto de Alejandro VII del 10 de julio de 1659, que no pueden tener Tiendas, Fundiciones, Almacenes o Depósitos fuera del Gueto, y que sólo en caso de necesidad precisa o de necesidad pueden los Obispos locales concederles las licencias correspondientes, para lugares no muy lejanos, pero no en las Pazze públicas, y con la cláusula de que no podrán pernoctar, ni celebrar congresos con los cristianos, ni con los propios judíos, sino sólo esperarles bajo la pena de cincuenta escudos y otros castigos corporales que consideren oportunos, y la libertad condicional perpetua de los citados Magazzeni, Bottehge, Fondachi y Rimesse.

XXVIII. Que los judíos no pueden invitar, ni mucho menos llevar a los cristianos a sus sinagogas, o que no se puede permitir que los cristianos entren en ellas, bajo la pena de cincuenta escudos para ambos.

XXIX. De acuerdo con lo prescrito en el Leg. ult. Cod. de Judaeis en el cap. 16 y 18. cod. tit., y en el Decreto de la santa Memoria de Benedicto XIV del 26 de agosto de 1745. los judíos no pueden tener ni hacer contratos ni en su propio nombre ni en el de ningún cristiano u otra persona, Arrendamientos o Compañía, ya sea pública o privada, de Bienes de cualquier tipo perteneciente a quien sea, sin embargo a la Rev. Cámara Apostólica ni prestar el nombre, ni dar garantía, ni tener ninguna, ni siquiera mínima participación bajo pena de pérdida de esa misma cantidad y otras penas en las que se incurrirá ipso facto, por lo que se ordena que los cristianos se abstengan en lo sucesivo de tratar con los judíos en tales asuntos, bajo las mismas penas antes señaladas.

XXX. Que de conformidad con lo ordenado en la Cap. Ad hoc &. y en la Cap et si Judaeos 13. de Judaeis. y en la segunda Constitución de la santa Memoria de Inocencio IV, y en la tercera de la santa Memoria de Pablo IV, los judíos no pueden prevalecerse de los Mamans y Balie cristianos bajo pena de cien escudos y de prisión a voluntad, y que las mujeres cristianas no pueden servir de esposas o nodrizas a los judíos bajo pena de cincuenta escudos la primera vez, y la segunda vez también de la misma pena a la que están sujetos los maridos que son a la vez cristianos y judíos para sus esposas.

XXXI. Esto está en consonancia con lo prescrito en la Leg. Unica Cod. Ne Christianum Mancipium Haereticus vei judaeus vei Paganus habeat y en los capítulos 2. 5. 8. y 15 de Judaeis así como en la mencionada segunda Constitución de Inocencio IV en la tercera de Pablo IV § 4 en los Decretos del Sag. Congregación del 14 de febrero de 1606 y del 15 de marzo y 17 de mayo de 1612. El 12 de octubre de 1627 y el 20 de junio de 1652. los judíos no pueden tener sirvientes o criadas cristianas, ni permitirse ser servidos, aunque sea por un tiempo muy corto, por unos u otros, ni limpiar el gueto, ni encender el fuego, ni hacer lavar sus ropas, ni permitirse hacer ningún tipo de trabajo servil bajo pena de veinticinco escudos y otros castigos corporales a su discreción. Se ordena a los tutores o curadores cristianos que prohíban a sus hijos y a los niños bajo su dirección realizar tales servicios a los judíos, pues de lo contrario serán objeto de un castigo arbitrario.

XXXII. Que según las prohibiciones contenidas en la Bula de San Pablo IV el 3º, y en la 6ª de 5. Pío V. y en la 19ª de San Clemente VIII. que comienza Caeca & obdurate, Los judíos no jugarán, ni comerán, ni beberán, ni tendrán ninguna otra conversación o familiaridad con los cristianos, ni éstos con ellos en los palacios, casas o viñedos, ni en las calles, tabernas, tiendas u otros lugares, y los posaderos, taberneros y comerciantes no permiten la conversación entre cristianos y judíos, bajo pena para los judíos de diez escudos y prisión a voluntad, y para los cristianos de diez escudos y otros castigos corporales a voluntad.

XXXIII. Que los judíos no se atrevan a trabajar en el gueto, de acuerdo con la Constitución 3 de Pablo IV en el § 5 en los días de precepto ordenados por la Iglesia, si no es a puerta cerrada y de ninguna manera fuera del gueto, ni siquiera en las casas de los cristianos de cualquier estado, rango y condición, bajo la pena de cincuenta escudos, y tres golpes de cuerda a discreción, y a la misma pena de cincuenta escudos son sometidos los cristianos, que permitieran en tales días a los judíos trabajar en sus casas encargando a los Confesores que amonesten seriamente, y reprendan a los Penitentes, que se atrevieron a permitirlo, por el grave escándalo, que de ello se deriva.

XXXIV. Los judíos de cualquier sexo y de cualquier edad no pueden ir en carro, ni en calesa en Roma, ni fuera de Roma, bajo pena de cien escudos, y de prisión y otros castigos corporales a discreción, pero sólo en caso de viaje se les puede permitir ir a caballo o en calesa, y no de otra manera.

XXXV. Ningún judío o cristiano puede servir de cochero o cochera a los judíos, salvo en el caso de los viajes antes mencionados, bajo pena de cincuenta escudos y tres golpes con cuerdas, y bajo las mismas penas ningún cristiano puede prestar, entrenar o hacer que se pongan a disposición de los judíos de cualquier sexo carruajes o carretas, y mucho menos llevarlos en un carruaje o carreta.

XXXVI. Ningún judío puede pasar la noche fuera del gueto, y por lo tanto cada uno de ellos debe retirarse al gueto alrededor de la una de la noche, y por la mañana no pueden salir antes de la luz del día bajo pena de cincuenta escudos, y tres golpes de cuerda en público para los hombres, y de la misma manera para las mujeres, y por lo tanto es el deber de los porteros no dejarlos entrar o salir del gueto sino a las horas señaladas, y no introducir a los cristianos en él a la hora en que los judíos están encerrados. También ordenamos a la escuela de los Judíos que pague a los porteros la totalidad de la provisión sin ninguna reducción, no queriendo que se les exija ninguna parte de la misma a nadie por ningún motivo o causa. Los orteros, sin embargo, deben guardarse de tomar cualquier gratificación o reconocimiento de la escuela, o de los judíos en particular, excepto las gratificaciones habituales dadas en su propio tiempo bajo pena de cincuenta escudos, prisión a su discreción y privación de la Oficina.

XXXVII. Los judíos de ambos sexos no pueden vivir fuera del Gueto, y no pueden permanecer en las Villas, Tierras, Castillos, Fincas, Procoj, o en cualquier otro lugar por cualquier pretexto que sea, incluyendo el de la necesidad de cambiar de aire, y cuando sea necesario que salgan, y permanezcan allí por un solo día, deben asegurarse, de acuerdo con el Decreto de la Sagrada Congregación del 19 de mayo 1?51, en confirmación de otra similar expedida por Alejandro VII el 6 de septiembre de 1661, deben obtener la oportuna licencia por escrito, en la que, entre otras cosas, deben hacer constar el nombre, el apellido y la procedencia del judío, el motivo legítimo por el que se ha concedido y el tiempo que ha de durar, con las estipulaciones de que los judíos deben llevar el signo en el sombrero, como ya se ha dicho en el Cap. 20. que no cohabitarán con los cristianos, ni conversarán familiarmente con ellos, y que a su regreso volverán al Tribunal, del que habrán recibido la licencia obtenida, bajo las penas de trescientas coronas, prisión y otras penas arbitrarias en caso de cualquier contravención.

XXXVIII. En el caso de que los judíos deseen ir a las Ferias, están igualmente obligados a obtener una licencia in scriptis, bien del Obispo, bien del Inquisidor o Vicario local, sin remuneración alguna, y tres días después de terminadas las Ferias, deben partir inmediatamente, de acuerdo con el Decreto de 21 de junio de 1747, sin que el citado Obispo, Inquisidor o Vicario local les conceda más tiempo. Sin embargo, no se les debe conceder este permiso si, una vez que los judíos han llegado al lugar designado, no lo presentan al Obispo, al Inquisidor o a su Vicario, o si por razones serias y justas creen que no deben esperarlo, o que deben restringirlo y limitar su duración, según otro Decreto del 17 de febrero de 1751.

XXXIX. No se permite a los judíos entrar en los salones de los monasterios de monjas ni en los conservatorios, ni hablar con ninguna persona en estos lugares, ni entrar en las iglesias, en los santos oratorios y en los hospicios, bajo la pena de cincuenta escudos, tres golpes de cuerda en público para los hombres, y de látigo para las mujeres.

XL. Se advierte a los Superiores de las Casas y Monasterios de los Regulares, y del Colegio y de los Lugares Piadosos del Seglar que en caso de que en ocasiones necesiten aprovecharse de los judíos para el uso de los harapos, no les permitan a entrar en las Iglesias, y en los Oratorios, y no dejarles conversar con los Jóvenes, sino solo con Personas de edad avanzada, y que puedan darles un buen ejemplo, y enseñarles a arrepentirse, de lo contrario saben que van a rendir cuentas al Señor ya la Congregación Sagra del Quinto Oficio.

XLI. Los judíos, aunque sean rabinos, no pueden llevar un hábito similar al de los eclesiásticos, y en particular no pueden llevar un cuello redondo o un cuello francés como se acostumbra para los eclesiásticos de esa nación, sino que deben llevar un hábito completamente secular con un cuello grande y descubierto bajo pena de diez escudos la primera vez para los transgresores, veinte escudos la segunda vez, y luego en caso de nueva contumacia, de prisión, y otros a su discreción.

XLII. Las citadas órdenes y penas deben incluir también a los judíos forasteros de ambos sexos durante el tiempo que permanezcan en Roma y en todo el Estado Eclesiástico, y deben vivir también en el Gueto durante dicho tiempo bajo las penas de cien escudos, prisión y otros castigos corporales que se consideren oportunos.

XLIII. Siendo la predicación el medio más poderoso y eficaz para obtener la conversión de los judíos, como se desprende de la Constitución de Nicolás III, que comienza Vineam Soreth, y de la Constitución 92 de Gregorio XIII, que comienza Sancta Mater Ecclesia. Ordenamos a los rabinos que pongan todo el cuidado y la diligencia posibles para que el número de hombres y mujeres que, según la diversidad de los guetos, han sido o serán designados de acuerdo con la Constitución 92 de Gregorio XIII del Decreto de la Santa Madre de la Iglesia, asistan al Sermón del sábado o de otro día de la semana. En el caso de que descuiden la descripción de las Personas en el número establecido anteriormente, o que se establezca, incurren en la pena de cincuenta escudos por cada vez, al igual que si no asisten al Sermón de alguna de las Personas descritas, incurren en la pena de dos giuli por cada vez.

XLIV. Por último, Su Santidad ha declarado y ordenado que, para la ejecución efectiva de todas las Ordenanzas mencionadas, los infractores sean perseguidos incluso cx Officio, & per Inquisitionem. Y que, fijando este Edicto en los lugares usuales y acostumbrados, y además en las Escuelas de los Guettos para su mayor información (donde debe estar siempre fijado para ser guardado bajo la pena de cien escudos que deben pagar las escuelas en el caso de cada infracción y bajo otras penas a su discreción), obligará a todos y cada uno como si hubiera sido anunciado y notificado personalmente a cada uno. Dado por el Palacio de la V Inquisición Romana y Universal en este día 5 de abril de 1775.

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